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Nada que esconder

Andrés Cid


Nada que esconder
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Bajo montañas que tocan el cielo,
crecen manzanas con aire de anhelo.
Rojas, doradas, crujientes de orgullo,
bailan al viento con dulce arrullo.
No tienen filtro, ni falta les hace,
ya vienen perfectas, sin likes ni disfraces.
Mientras el mundo se posa en su espejo,
ellas se ríen del mismo reflejo.
Ay, hijas del frío y del sol tardío,
me saben a casa, a risas y rocío.
A tardes de abuela y olor a leña,
a beso robado tras la vieja peña.
El valle murmura una vieja canción,
un pájaro lo imita con mucha emoción.
Tú lo miras y piensas, sin querer,
que la vida podría sentirse otra vez.
No hay hashtags que cuenten su historia,
ni cámara que atrape su gloria.
Son hijas del tiempo, del aire y del son…
¡el sabor del mañana y la tradición!
Ay, hijas del frío, hijas del valle y del río,
traéis memoria, travesura y desafío.
Me hacéis reír, me hacéis suspirar…
Incluso el viento se detiene a mirar.

DESCRIPTION

Esta canción es una oda poética a las manzanas como símbolo de autenticidad, memoria y arraigo. La letra transmite una narrativa poderosa que mezcla paisaje, tradición, emoción y nostalgia.


INSPIRATION

La canción nació de mis tardes con mi abuela, entre manzanos que ella cuidaba con ternura. Cada fruto era parte de su historia, y cada aroma me sabía a hogar. Quise capturar ese mundo sencillo y auténtico, donde el tiempo se mide en risas, tierra y viento.